Trufas

Hace 27 años, cuando escuché por primera vez sobre las trufas, lo asocié a una especie de hongo que crecía bajo tierra en antiguos bosques y que poseían propiedades casi mágicas. Aunque no muy lejos de la realidad, luego me puse a investigar más para poder descubrir de que se trataba. Descubrí que estos hongos que se desarrollan bajo el suelo, se encuentran asociados íntimamente a las raíces de ciertos arboles hospederos en su ambiente natural. El hongo se asocia a las raicillas a través de una simbiosis, generándose una relación benéfica entre ambos (Mutualismo), es decir que el hongo se alimenta de compuestos que le entrega el árbol a través de las raíces y a la vez el árbol se ve beneficiado cuando el hongo le facilita el acceso a ciertos nutrientes y agua desde el suelo. Todas estas relaciones de intercambio funcionan como una sociedad donde ambas especies (árbol y hongo) se ven beneficiadas.

Además del valor ecológico que aporta este tipo de hongos para la supervivencia de algunos tipos de bosques mediterráneos, también las trufas históricamente han generado un gran interés gastronómico y social por sus grandes cualidades aromáticas y de placer al consumirlas. Existen muchas especies de trufas, pero son solo algunas que son comestibles y altamente valoradas, dentro de estas, la trufa negra (Tuber melanosporum) es una de las mas apreciadas por la alta gastronomía y de ahí su gran interés.

Historia de la Truficultura

La edad antigua

Aunque algunas especies de trufas ya eran consumidas en la época Romana y Griega, también hay registros anteriores de que fueron conocidas y consumidas en Egipto e incluso mucho antes en Sumeria y Babilonia, siendo siempre muy valoradas y asociadas a la nobleza y reyes.

La trufa generó tanto interés que se crearon leyendas sobre su origen divino y sus grandes cualidades. Los romanos le atribuyeron poderes afrodisíacos y fue Cicerón quien denominó a las trufas “hijas de los dioses” o “milagro de la naturaleza”.

Estas estaban presentes en las mesas de los antiguos romanos, quienes al parecer copian su uso de los antiguos etruscos (Solo las clases acomodadas y monarcas de la época)

El gran filósofo y matemático griego, Pitágoras en el siglo VI antes de cristo, afirmaba que comer trufas aumentaba la virilidad de los hombres y el tamaño de los senos de las mujeres.

Posteriormente Teofrasto (siglo III a. C.) discípulo y sucesor de Aristóteles, consideraba a la trufa como de “generación espontánea” y que su origen se atribuía a los truenos, “Entre más truenos hay…más crecen”. Esta afirmación tan antigua no deja de ser razonable ya que en la actualidad, en Europa, los años buenos de producción de trufas coinciden con años de tormentas de verano y lluvias.

En Grecia, Claudio galeno de pergamo (131-201 A.C), más conocido como Galeno, fue un médico que inspiro durante muchos años la medicina europea, recomendaba el consumo de trufas para “producir una excitación general que dispone a la voluptuosidad”.

Plinio el viejo (Italia 23-79 antes de cristo) científico, naturalista y escritor romano indica: “es una planta que crece y vive sin tener ninguna raíz…. Es una callosidad de la tierra”, también indica la importancia de los truenos y las tormentas lluviosas para la producción de trufas.

Plutarco presentaba la hipótesis de que las trufas nacían de la fusión de los rayos, el agua y la tierra, es decir eran una combinación de estos tres elementos, llegándolas a considerar hijas de las tempestades.

La edad media

Durante la Edad Media el concepto de la trufa tuvo un cambio brusco. La Iglesia católica la catalogó como un producto del demonio, debido a su poder seductor y las propiedades afrodisíacas que se le atribuían, además de crecer bajo la tierra, donde el infierno esta más cerca. Fue por este motivo que la trufa quedó prohibida y cayó en el olvido. Prueba de esto es que la trufa no aparece en ningún registro de cocina de la época.

El principal registro de la trufa en la edad media, corresponde a la orden religiosa de “Los Antonianos”, que empezaron a utilizar la trufa como remedio para enfermedades venéreas, lepra, sarna… etc. pero sobre todo la utilizaron contra el ergotismo o fuego de San Antonio que era provocado por el consumo de micotoxinas asociadas al centeno. Como remedio a esta enfermedad daban una mejor alimentación a los enfermos de cornezuelo (enfermedad que venía de la mano del consumo del centeno), aportando a su dieta la ingesta de carne de cerdo, cerdos que criaban ellos mismos en el campo, siguiendo a los cerdos encontraron las trufas, las consumieron y contribuyeron a su posterior difusión. Los antonianos tuvieron un papel especial asistiendo a los peregrinos del camino de Santiago. Por esta razón en Francia se considera a San Antonio Abad como el patrono de los truficultores.

Imagen. La orden de los Antonianos

Tras la oscuridad de la edad media, esta resurge con fuerza en la época del renacimiento italiano, desde donde parece ser que su uso y aprecio se introduce a Francia. El Dr. Alfonso Ciccarelli publica en 1564 el Opusculus de Tuberis, donde por primera vez se indica la posibilidad de que la trufa sea una especie de hongo, hipótesis confirmada por Cesalpino en Italia y luego Geoffrey en 1711 y micheli en 1778 que distingue los tipos de trufas.

Tiempos modernos

Es a partir del siglo XVI cuando comienza el gran despegue gastronómico de la trufa, acentuado principalmente por los nobles, príncipes y reyes, siendo Francia e Italia las dinastías más importantes en el consumo de las trufas.

En esta época, hay que destacar a uno de los precursores que contribuye a consagrar el valor gastronómico de la trufa, el sr Anthelm Brillat-Savarin (1755-1826), abogado y político Francés que ha pasado a la historia como el fundador de la gastronomía moderna. En su obra “fisiología del gusto o meditaciones de la gastronomía trascendental», publicada  en 1826, dedica varias paginas a las trufas y las bautiza como el “diamante de la cocina”, término que existe hasta hoy en todo el mundo.

“El que dice trufa, pronuncia una gran palabra, que evoca recuerdos eróticos y gastronómicos en el sexo, que gasta faldas y memorias gastronómicas y también eróticas en el sexo barbudo.” (Extracto del escrito original de Brillat-Savarin).

Este fruto misterioso también había inspirado a muchos poetas. Fue mencionado incluso por Shakespeare, pero se hizo ampliamente conocido después de la publicación de la comedia «Tartufo» de Molière. Rossini y Mozart también disfrutaron de su fragancia. Famoso es el Tournedos Rossini, una tapa clásica de la gastronomía francesa.

Las trufas siempre han sido consideradas algo especial en la historia culinaria, pero también generaron diferentes opiniones. Los gastrónomos las adoraban como el alimento de los dioses que inspira el alma y anima el cuerpo. Por el contrario, los mas puristas mostraron hostilidad, considerándolas muy dañinas. Las trufas se consideraban un símbolo explícito de depravación. Se llevaron a cabo debates sobre ¿qué son las trufas?, entre botánicos, médicos y profesionales culinarios. “La trufa Puede, en ciertas ocasiones, hacer que las mujeres sean más tiernas y los hombres más amables”. — Alexandre Dumas (1802-1870)

En Francia, Joseph Talon (1793-1873), un agricultor de la aldea de Croages, en Saint-Saturnin d’Apt, en la Provenza, tuvo la idea de plantar bellotas en una de sus tierras en 1808. Era un terreno calizo pobre y pedregoso, que no permitía plantar nada más. Con la bellotas al menos pensó, podría alimentar a sus cerdos. Unos años después, uno de sus cerdos desenterró algo. El cerdo no quería entregar su tesoro y el agricultor se vio obligado a quitárselo. Sorprendido, comprobó que era una trufa. Al año siguiente encontró algunas trufas más. Contento con su suerte, llevó las trufas al mercado local en Apt. Al año siguiente encontró más trufas cerca de sus robles. Pensando en esto, Talon llegó a una conclusión revolucionaria, que nadie antes había llegado; las trufas nacían en el terreno calizo donde había plantado los robles. Antes no había trufas, así que las trufas y los árboles tienen que estar relacionados. Pronto empezó a recoger las bellotas, sembrarlas, triturar las trufas y, con el polvo obtenido, inocular las raíces de sus árboles. La cosecha de trufas iba en aumento. Compró las tierras pobres de los vecinos y siguió plantando robles. Con el paso de los años, simplemente basándose en la observación de sus árboles, llegó a diferentes conclusiones; cuantos años había que esperar desde que se plantaba un roble hasta que daba las primeras trufas; cuales eran los mejores años cuando se recolectaban más kilos de trufas; la cantidad idónea de árboles por hectárea; la densidad del follaje de los árboles. Incluso se dio cuenta de que a partir de los 30 años los árboles dejaban de dar trufas (otros hongos invasores ocupaban el lugar de las trufas y la producción bajaba hasta desparecer). Así, ponía plantas jóvenes alrededor del árbol viejo, así las raíces de las plantas jóvenes se inoculaban de las esporas de las trufas y luego cortaba el árbol poco productivo.

Estatua y monumento de Joseph Talon, el padre de la truficultura moderna

El éxito estuvo ahí. Joseph Talon se enriqueció con sus trufas, y fue en el mercado de Apt, donde se compraban y distribuían. Talon hizo una fortuna con ellas. Como muchos lo habían visto plantar bellotas, rápidamente fue imitado por otros. Las aéreas de pie de monte y laderas que rodean las montañas de Vaucluse, más de 200 propietarios ya eran solicitantes para plantar y tenían prisa. Joseph Talon luego vendió plantas de trufa, las primeras plantas truferas de la historia, asimismo transfirió sus métodos de cultivo.

El rumor se extendió rápido hasta el mercado de trufas de Carpentras, allí, su primo, Auguste Rousseau, un comerciante de trufas, en 1847, le compró el producto y método a Joseph Talon. Se dice también que primero lo espió en secreto para tratar de descubrir su método. Rousseau había decidido popularizar a gran escala el método de plantación de su primo. En poco tiempo se plantaron en Carpentras más de 7 hectáreas de campos de trufa, calificados como artificiales. Pronto, la casa Rousseau comercializó sus trufas hasta París. Finalmente, el método Appert, que permitió hacer conservas, facilitó que todo el mundo descubriera la trufa negra y la convirtiera en «un refinado complemento de las refinadas mesas de París a Londres, de San Petersburgo a las lejanas ciudades del Nuevo Mundo».

Imagen. Afiche de la casa Rousseau

Auguste Rousseau presentó sus trufas en la Exposición Universal de París de 1855, y obtuvo la medalla de oro de primera clase, gracias al  método Talon ”. A esta primera medalla de oro, obtenida por sus trufas que se caracterizaron por ser muy aromáticas, le siguieron muchas otras en Londres, Bruselas y Berlín.

Así ocurrió el auge de la trufa. Esto permitió, en 1875, al municipio de Saint-Saturnin d’Apt comercializar seis toneladas de trufas negras. En 1909 se vendieron 35 Ton. en el mercado de Apt. Muchos Años después, los participantes en el segundo congreso internacional de la trufa que tuvo lugar en Ménerbes en enero de 2008, rindieron un homenaje a Joseph Talon, quien es el padre de la truficultura moderna y reconocieron que Vaucluse es su cuna.

Imagen. Mercado de Trufas en Francia.

Evolución de la producción francesa

La época dorada de la trufa en Francia corresponde a los últimos treinta años del siglo XIX.  Fue el resultado de la deforestación seguida por la plantación de robles después de la Revolución. Los campos de trufas se beneficiaron con la reforestación, siguiendo el ejemplo de las plantaciones de robles y encinas en el Mont Ventoux y Luberon hubo una extensión hacia otras zonas de Francia, por ejemplo el Perigord donde imitaron los métodos desarrollados por Talon y siguieron el ejemplo de plantar robles y encinas truferas. Un poco después, en muchas de las regiones vitivinícolas francesas, la crisis de la filoxera permitió que se estableciera una nueva extensión de campos con trufas, los cuales se plantaron sobre las viñas abandonadas. A principios del siglo  XX, la producción de trufa en Francia superaba las 1.000 toneladas anuales y más de la mitad de los departamentos eran productores. ej. Adolphe Chatin en su libro editado en 1869 indica en sus registros una producción de casi 1.600 Toneladas de trufa negra en Francia.

Imagen.-Truficultor cosechando en las laderas del Mont Ventoux en la Provenza (Vaucluse)

Después de un gran auge de la producción de trufa en Francia, por casi 150 años, muchas de estas plantaciones truferas disminuyeron su producción. En particular, hubo una fuerte disminución de la población rural después de la Primera Guerra Mundial, seguida de grandes cambios culturales con la revolución industrial y la llegada de la mecanización. Los campos de trufas se volvieron raros y desaparecieron en muchas regiones. El cierre del dosel de las plantaciones y el envejecimiento de los arboles, además, el abandono de estos campos, la perdida de tradición y conocimiento sobre todo de los hombres que perecieron en la guerra, provocaron una drástica caída de la producción. Los truficultores tradicionales de Francia tenían un gran conocimiento y cultura de la trufa y este se perdió en gran parte porque tampoco era traspasado a las mujeres de sus familias.

En España, en esa época, la trufa era muy desconocida, un primer impulso trata de dárselo un político con enorme fuerza de convicción: Joaquín Costa,  quien era un ardiente defensor de las políticas hidrológicas y forestales, por ello ve una clara utilidad a la trufa para favorecer la expansión de los encinares por los campos y montes de España. En su libro “el arbolado y la patria “dice: Un Municipio hay (Bedouin) que lleva ya plantadas cerca de 3000 hectáreas en el monte Ventoux, de tan detestables condiciones para la vegetación…. Con tan sencilla combinación, el inconveniente que encontrábamos en el cultivo de la encina desaparece”.

Posteriormente D. Enrique de Bellpuig en su libro “Trufas, Setas, espárragos y Fresas” editado en Barcelona en 1900, refleja muy acertadamente los conocimientos que hasta el momento se habían obtenido, principalmente en Francia. Además trasluce en su prólogo el espíritu de la generación del 98 cuando indica “Apenas el ánimo al ver que España, país eminentemente agrícola, va siempre a la cola de los demás en materia de adelantos agrícolas “.

El real valor “económico” de la trufa en España, comienza en 1940 y 1950, en plena posguerra. Los primeros recolectores seguramente fueron franceses (que llevaban años disfrutando de los beneficios de la trufa, tanto económicos como culinarios). Estos recolectores comenzaron a buscar en encinares silvestres cruzando los Pirineos desde Francia hacia España en las zonas de la Ribagorza aragonesa y catalana. Los catalanes aprendieron bien la lección, prepararon perros y fueron extendiendo sus áreas de búsqueda hacia el sur de Aragón, la comunidad valenciana, y en la provincia de Castellón, donde un viejo buscador contaba la siguiente historia: “Veíamos unos cazadores  catalanes bastante raros, siempre con perros, pero sin escopeta, sacaban unas papas (patatas) negras con un olor fuertísimo, la habitación de la posada estaba llena de sacos y olía a demonios. No querían explicarnos que hacían, así que escondidos los seguimos y en un par de años, ya éramos nosotros quiénes sacábamos las trufas”.

En Huesca, un recolector de allí recordaba como cuando vieron lo que buscaban los catalanes, se dieron cuenta que: “Eran igual que aquellas papas hediondas que salían más de una vez cavando trincheras durante la guerra civil en el frente de Teruel, así que nos fuimos a buscarlas a Teruel”.

Cabe mencionar que en esa época en España, los buscadores de trufa recolectaban en montes de encinares y robles silvestres (No eran plantaciones como en Francia). El Este de España poseía una superficie importante de encinares silvestres sobre suelos calizos y muchas de estas zonas rurales eran explotadas y manejadas para el pastoreo, extracción de carbón y leñas. Por esta razón se mantenían los bosques abiertos (Dehesas) y esta ecología era ideal para la producción de trufas silvestres en el monte. Asimismo, en esa época abundaban las lluvias , con la influencia atlántica, se generaban unas buenas tormentas de verano, muy favorables para la fructificación de las trufas.

El resurgimiento de la producción moderna de trufas en Europa

El renacer del cultivo comenzó en la década del 1970 en Italia y Francia, con el desarrollo de técnicas para producir arboles micorrizados de manera controlada en viveros. Desde ahí se han establecido varios miles de hectáreas en Europa (Francia, España e Italia), principalmente durante las décadas del 80 y 90. En España se comenzó a plantar trufas recién en la década del 70, siguiendo las experiencias de Francia e Italia, utilizando encinas micorrizadas en viveros. Al comienzo, las primeras plantaciones españolas usaron planta procedente de viveros Franceses, pero con el tiempo se establecieron varios viveros comerciales en España.

La principal zona de desarrollo de la truficultura de España hoy en día es Sarrión, en la provincia de Teruel. Allí en Sarrión es donde se han establecido la mayor cantidad de plantaciones truferas, ya desde la década del 90 en adelante esta zona ha tenido un gran crecimiento de la producción desplazando a Francia, donde las plantaciones se estancaron. Allí en Sarrión, precisamente es donde se establecieron los principales viveros productores de plantas micorrizadas, asimismo es en esa zona donde hoy en día se encuentran los productores de trufas más importantes a nivel mundial y algunos de los truficultores más experimentados de Europa.

Sarrión y sus municipios aledaños actualmente representa casi el 80 % de la producción mundial de trufa. Es la zona más importante de España y de Europa en general y toda su producción es exportada hacia otros países, principalmente a Francia e Italia, donde muchas veces pierde su origen y pasa a ser comercializada hacia otros países como trufa Francesa o Italiana.

Imagen. Junto a Daniel Bertolin en una de sus grandes truferas de Sarrion. La masía Gonzalve. Octubre 2021

Aun cuando se han establecido todas estas plantaciones, sobretodo en España, las producciones no han aumentado aún hasta los volúmenes cosechados en bosques y plantaciones antiguas de Francia del siglo XIX, donde hay registros de hasta casi 2.000 ton anuales.

Después de la gran caída de la producción, solo recientemente, el cultivo de trufa ha logrado mayores volúmenes y se ha podido recuperar la producción, gracias a los avances tecnológicos de la última década, nuevas investigaciones y sobre todo la experiencia práctica de grandes truficultores. Se debe considerar que la trufa es el cultivo de un hongo interpuesto en las raíces de arboles hospederos en una delicada relación simbiótica que ocurre bajo el suelo, donde existen varios factores bióticos y abióticos que pueden afectarla.

La truficultura actual se basa principalmente en criterios científicos, complementado con la experiencia práctica y técnicas desarrolladas por truficultores profesionales.

Cabe indicar, que en el año 2010 hubo un salto importante en el conocimiento de la biología de la trufa, un grupo de investigadores franceses e italianos publicaron en la revista «Nature» la secuencia del genoma de la trufa desentrañando algunos misterios relacionados con  la  reproducción sexual de este hongo, su aroma, y otras características a través de estudios genéticos y moleculares.

El comienzo del cultivo de trufas en Chile.

Desde los años 70 y 80 en adelante, con la aparición de nuevos viveros productores de plantas truferas, se comenzaron a establecer nuevas plantaciones en distintas áreas de Europa, principalmente en España, Francia e Italia. Sin embargo, es a contar de los años 90 en adelante que se produce un gran cambio en el desarrollo de la truficultura que fue iniciado en la provincia de Teruel y sus zonas aledañas, dentro de Aragón. La provincia de Teruel, es una de las zonas que reúne las condiciones naturales más idóneas para el cultivo de trufas en Europa, además se debe considerar que allí habían muchas tierras deforestadas, agrícolas y de pastoreo que se encontraban en desuso. De hecho, es en el municipio de Sarrión en Teruel, que era una de las zonas más pobres de España, donde comenzó el mayor auge de la truficultura española y esto, gracias a la visión, esfuerzo y trabajo de truficultores pioneros junto a sus familias. Dentro de estos truficultores pioneros e históricos debemos mencionar por ejemplo a Daniel Bertolín y familia, Manuel Doñate, Los hermanos Salvador Redón, entre varios otros.

El constante desarrollo de la truficultura en la provincia de Teruel ha sido la inspiración para muchos nuevos truficultores fuera de Europa, y en especial en Chile, dada la cercanía cultural e idioma, hemos tomado su experiencia como base para la implementación y desarrollo del cultivo, obviamente estas técnicas se han adaptado a las condiciones de climas y suelos del país. Es recién es a fines de los 90 que el cultivo se introdujo en el hemisferio sur y las primeras experiencias de cultivo fueron en Nueva Zelanda y Australia, luego Chile.

Fue en 1996, cuando llevaba 4 años como estudiante de Ingeniería Forestal en la Universidad de Talca en Chile, y ocurrió un hecho fundamental, el cual cambió todo, esto fue la llegada de Internet. Por primera vez tuve acceso a un correo electrónico, siendo aún alumno de la Universidad. Todo esto coincidió que ya en esa época debía comenzar mi trabajo de titulación y en el año 1998 enfoqué mi tesis de grado en un trabajo orientado a estudiar los Hongos que degradan la madera almacenada en grandes pilas de astillas en las plantas de celulosa. En paralelo y aprovechando el uso de internet y correo electrónico que facilitaba la Universidad, me permitió estar muchas horas allí y pude hacer una gran trabajo de estudio y recopilación de información sobre el tema, pero no de mi tesis¡ a la cual le dedicaba menos tiempo, jajaja¡, sino más bien de la trufa y sus posibilidades de cultivo en Chile. Si bien logré terminar mi tesis universitaria sin inconvenientes y luego me titulé de Ingeniero Forestal, durante esos años pude hacer mi propia investigación inicial sobre la trufa, contactando con personas en España que se dedicaban a su cultivo y quienes proporcionaron también una valiosa información.

Como resultado de este trabajo inicial, comencé el año 2000 un proyecto de innovación para desarrollar la truficultura en Chile y poder así establecer las primeras plantaciones en el país. Este proyecto lo desarrollé en conjunto con la Universidad Católica del Maule en Talca y sentó las bases del cultivo de trufas, asimismo fue una experiencia pionera en Sudamérica. Para desarrollar este proyecto pionero, se contó con el apoyo de investigadores españoles quiénes aportaron su experiencia y conocimiento base para la implementación en Chile. Cabe mencionar al Dr. Santiago Reyna, que fue un profesor e investigador español que apoyó la experiencia inicial de la truficultura en Chile, en especial entre los años 2001 al 2007.

Así, comencé a trabajar en el cultivo desde al año 2000, a cargo del proyecto de innovación desarrollado con la Universidad Católica del Maule y la Fundación para la Innovación Agraria (www.fia.cl). «Desarrollo de las bases tecnológicas para el cultivo de trufa negra en Chile«.  Luego de estos primeros años, en el 2004, junto al Dr. Santiago Reyna de España fundé la primera empresa privada dedicada a promover y desarrollar este rubro en el país. Esta empresa llamada «Agrobiotruf» fue el primer vivero comercial dedicado a la producción de plantas truferas en Chile, y fuí su fundador, socio principal y director de esta empresa desde el 2004 al 2010. En esos años, este vivero, además de suministrar las primeras plantas truferas en el mercado chileno, entregó el apoyo y asistencia técnica a los truficultores pioneros del país, principalmente en la Región del Maule, Ñuble, Bio Bio y la Araucanía.

En paralelo, entre los años 2007 al 2011, lideré un segundo proyecto de innovación «Desarrollo Tecnológico y Validación de la Truficultura en Chile, como nueva Agroindustria de Hongos Comestibles para el Mercado de Exportación» también apoyado por FIA (Fundación para la Innovación Agraria). Este proyecto fue el que logró Validar el cultivo en chile, obteniéndose así las primeras producciones de trufa negra en el país el año 2009 en una plantación ubicada en Panguipulli y luego en Talca el 2010.

Ya en el año 2011, con el comienzo de las primeras producciones de trufa del país, dejé mi empresa original, por motivos personales, separándome de los socios iniciales, para así emprender individualmente y hasta el día de hoy en varios proyectos dentro del campo de la truficultura. Es así que he iniciado varios proyectos dedicados al rubro, trabajando actualmente en todas las áreas de la industria. Esto incluye la producción de plantas micorrizadas en viveros, la producción de trufas en campos propios, la venta y exportación, asimismo, apoyando técnica y comercialmente a otros productores y empresas, tanto en Chile como en Argentina.

Dentro de las empresas y proyectos que he fundado y pertenecen a nuestro grupo se encuentran entre otras:

www.agritrufas.cl (Agritrufas SpA. filial agrícola y de viveros)

www.terroirdelsur.cl (Comercializacion de trufas frescas y productos en Chile)

www.trufasdelosandes.cl (Global Truffles SpA. Exportación de trufas)

Foto. Ricardo y parte de su equipo junto al Chef Felipe Macera de Concepción

Si bien, las plantaciones pioneras se establecieron en el país entre los años 2004 al 2008, fue a contar del 2012 donde la truficultura nacional ha tenido un aumento de la producción, principalmente, debido a la maduración de las truferas jóvenes, mayores superficies de plantación y además por la experiencia práctica aprendida durante todos estos años. Para nuestro grupo, este crecimiento y profesionalización de la truficultura chilena, ha estado apoyado técnicamente por grandes profesionales y truficultores de España, con quiénes se ha forjado una gran amistad hasta hoy día. Gracias a estas personas, hemos podido profundizar mucho en el conocimiento de la trufa y su cultivo, y nos ha facilitado además para entrar en el círculo de la truficultura europea, ingresando al mercado poco a poco.

Cabe mencionar el apoyo, la cooperación técnica y amistad, sobre todo durante los últimos 10 años, que hemos recibido del agrónomo y truficultor Carlos Tudel de Trufa Pyrenees, (www.trufapyrenees.com), asimismo los truficultores veteranos de Sarrión Daniel Bertolín y toda su familia, También mencionar la amistad y cooperación con Dani Oliach del CTFC (https://www.ctfc.cat/es/) y Víctor Vellvé de la empresa Global Tuber (www.globaltuber.com) entre otros amigos.

Desde el año 2009 y 2010, cuando se obtuvieron las primeras trufas ya se han establecido alrededor de 350 hectáreas a la fecha. Todas estas iniciativas han sido desarrolladas de forma privada y solo recientemente el año 2016 se comenzaron a exportar las primeras trufas fuera de Chile.

Siendo una nueva industria para el agro del país, ya en el año 2021 se exportaron cerca de 1,6 Toneladas de trufa negra a distintos mercados, principalmente Europa y EEUU. Durante la última campaña de cosecha en Chile el año 2022, se logró exportar cerca de 2,5 Toneladas de trufa y en el año 2023 se exportaron 3,9 Toneladas. Con estas producciones, nuestro país poco a poco se ha logrado posicionar como el quinto productor de trufa negra a nivel mundial, siguiendo a España, Francia, Italia y Australia (en orden descendente).

Actualmente en Chile se están plantando al ritmo de 30-40 nuevas hectáreas de trufa negra cada año. No es una gran superficie, sin embargo, la producción seguirá aumentando todos los años, en la medida que las plantaciones van madurando. Solo con las plantaciones ya establecidas del 2012 a la actualidad, se espera que en los próximos 7 años Chile llegue a producir al menos unas 10 toneladas de trufa negra que serán comercializadas en los mercados internacionales.

Imagen aérea. Trufera Las Aguilas, Bio Bio, Agritrufas – 2022

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